¡¡Sorpresa!!

Muchas veces la vida te sorprende, y de qué modo.
El miércoles, yendo por Madrid, me despedí de una amiga y me fui a ver a Lodoazul a su casa. Casualmente no estaba y después de haber estado 3 minutos y 43 segundos en su portal (ni más ni menos) esperando decidí que me iba para casa. Fui andando tranquilamente hacia la parada de metro más cercana. Ciertamente iba despacio, porque me daba un poco igual coger un metro u otro es decir muchas veces llegas y acaba de pasar uno, pues bien eso me daba igual que pasara. El caso es que lo más probable es que algún metro pasara en el tiempo de desfase generado por mi velocidad de paseo y eso también fue importante. Gracias a todos estos factores que os explico y a los producidos a la hora de montar en el metro, como elegir el vagón, mirar los sitios libres y elegir uno de entre los miles, dio la casualidad de que fui a sentarme al lado me compañero de piso, que casualmente esa noche había quedado con unos compañeros de su antiguo curro (cosa que no hacia desde hacía mucho) y bueno vino a parar a esa hora en esa parada en ese metro al lado del sitio que yo elegí…

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