Un día deseado.

Hoy me he levantado mirando un rayo de Sol que iluminaba mi habitación. Como dos conchas al calor del fuego, mis ojos se han abierto y han podido disfrutar de ese ambiente cálido generado por la intensa luz que da brillo a mi día. Con ganas e ilusión tras este hermoso despertar he separado de mi cuerpo, inerte hasta entonces sobre un cómodo lecho de algodones que se amolda a mi cuerpo como un río a su caudal, ese hermoso ) de las sábanas que me ha dado calor por toda la noche.
Cuando he conseguido reactivarme he escuchado una hermosa sinfonía de música clásica y una hermosa voz que decía “Son las siete y media de la mañana, las 6 y media en Canarias”. Con el sentido de la vista y el oído en plena función, me dispongo a salir de mi lecho de descanso temporal para abrir la ventana y disfrutar de esa hermosa brisa mañanera que acariciando los estilizados brazos de los árboles llegaba hasta mi cara activando mi sentido del tacto. Poco después y como una amazona, me percato de que a lomos de la brisa mañanera viaja una hermosa fragancia vegetal que como un a un agujero, el agua, a la orilla del mar inundaba mi habitación.

Ya estoy despierto, ¡qué sorpresa!, así da gusto despertar, pienso.

Me siento con ganas de ir al trabajo, de afrontar nuevos retos y dificultades. Salgo a la calle y no está, ya se marchó, la hermosa dueña de la noche, pero sólo hermosa en la oscuridad, la guía de nuestras tinieblas la siempre fiel señora luna ya se marchó le dio el relevo el dueño del día y siempre fiel esposo Don Sol. Caminando por las calles recién levantadas me cruzo con un montón de almas en pena, que no tuvieron mi sorpresa matutina, que no tuvieron un despertar tan feliz y halagüeño, que se dirigen a sus destinos aun no habiendo sido despertados por la luz plena de un nuevo día.
“Antonio Machado”, siempre en su sitio, siempre en la misma calle, el número siete es su jefe, siempre hace lo que le manda y casi nunca le falla. Me meto en sus entrañas y allí sigue conmigo, acompañándome, animándome en mi camino, Don Sol no me dejes! Entro hasta lo más profundo de “Don Antonio” y allí me espera. Me monto y por sus venas junto con muchas almas en pena navego por sus venas hasta mi destino. ¡Gracias señor Sol!, por no haberme abandonado, ¿pero por qué no lo has hecho?, no te olvides esto no es más que tu día deseado, me contesta.

Al fin llego a mi segundo lecho, aunque este no es de descanso, me repito todos los días. Este lecho empieza a tener forma, empieza a adaptarse a mí, empieza a distinguir quien es el que lo ocupa, en definitiva, empieza a tener dueño. El se adapta a mi y yo a el, una hermosa relación en la que hoy disfrutaremos los dos de nuestros éxitos, porque recuerda, esto no es más que un día deseado.

Ya es tarde, ya es hora de dejar mi pan para mañana, ya es hora de abandonar mi lugar de éxitos para que él también descanse. El señor Sol esta mañana me hizo una promesa, y como él es el siempre fiel señor del día no me falla, ahí está para acompañarme en mi regreso, en mi retorno por las venas de la línea siete.

Ya mi día ha terminado, cansado y derrotado me voy a dormir, pero… me despierto y escucho con un ruido estridente !pi,pi,pi,pi….! de repente ” con una voz que atenta a los sentidos, “son las siete y cuarto, las seis y cuarto en Canarias”, por la ventana entra un frío que pela y huele a tierra mojada… ¡¡está lloviendo!!.

Mi día deseado, ha terminado. Lo bueno es que mi SOL, me acompañará noche y día. Solito mío estate siempre a mi lado, nunca te vayas.

De nuevo dedicado al SOL.

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