La realidad de la SGAE

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Me pasan sin maquetar un artículo de Lucía Etxebarria titulado “Doce cosas que no sabes sobre la ley Sinde“ que sale mañana en un Magazine que se distribuye con veinticinco diarios españoles. Sí, mañana. Pero está TAN sumamente lleno de falacias y de manipulación, que resulta extraordinariamente sencillo de criticar, así que lo voy a hacer hoy. Todo sea que después no lo haya escrito ella, como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Una pena que yo no tenga el alcance que tiene ese magazine. Pero me voy a dar el gusto de rebatir el artículo de la señora Etxebarria siguiendo su mismo formato de lista de doce puntos:

  1. La SGAE tiene casi cien mil socios. Efectivamente. De ellos, tan solo un 10% tiene derecho al voto, solo unos trescientos pueden presentarse a las elecciones, y una cantidad todavía menor concentra el reparto del dinero obtenido por conceptos como derechos de autor o canon digital (fuente: Breve introducción histórica de la SGAE, cómo funciona y porqué – LaEX). Además, parece ser que la SGAE “se olvidó” de repartir a los autores nada menos que 480 millones de euros (fuente: La SGAE y sus socios ‘olvidan’ repartir a los autores 480 millones de euros - El Economista). Siga usted defendiendo a la SGAE, Doña Lucía, que empezamos bien.
  2. El canon digital ha sido declarado ilegal por la Unión Europea. A pesar de eso, ha continuado cobrándose, y no parece que exista una voluntad demasiado clara de devolver lo que fue cobrado de manera injusta. Que usted esté o no esté de acuerdo es completamente irrelevante, Doña Lucía. Ya sabe: “el canon se paga y ya está, a quien no le guste que se aguante“.
  3. El Ministerio de Cultura está dirigido por una persona que las entidades de gestión de derechos de autor colocaron ahí, que proviene de una entidad de gestión (presidenta de ALMA, Autores Literarios de Medios Audiovisuales, entre 1999 y 2001, y miembro de la junta directiva de DAMA, Derechos de Autor de Medios Audiovisuales, 1999-2004) , y que defiende a muerte los intereses de las entidades de gestión. De hecho, la Audiencia Nacional ha admitido a trámite un recurso contra la imparcialidad de la ministra. De hecho, es el ministerio de Cultura el que está maquinando para plantear un canon más elevado y aplicado a más artículos, y que está diseñando un sistema intencionadamente farragoso para reclamar la devolución, para evitar que ésta tenga lugar. ¿La SGAE y el ministerio de Cultura no son la misma cosa? No me haga reír, Doña Lucía, no me haga reír, que solo estamos en el tercero de sus doce puntos.
  4. La ley Sinde no hace distinciones con respecto a las páginas que puede cerrar. Ninguno. Puede cerrar absolutamente cualquier página, y además sin intervención judicial en el fondo del asunto. Doña Lucía, que usted se crea que solo afecta a “paginas que insertan publicidad para ofrecer gratuitamente los contenidos intelectuales de otra gente” solo da una idea de su capacidad intelectual y sus conocimientos de derecho, no del espíritu de la ley. Y que pretenda engañar a los lectores con eso da idea de cómo de malintencionada y manipuladora puede usted llegar a ser.
  5. Por supuesto que podremos seguir descargando archivos cuando entre en vigor la ley. Faltaría más. ¿De verdad pretende vendernos eso como algún tipo de “privilegio”? En “Francia, en Estados Unidos, en Inglaterra y en casi toda Europa” también se los pueden descargar. No ha habido ninguna medida basada en el miedo que haya provocado un descenso de las descargas o del uso de P2P. Solo el desarrollo de alternativas funciona, ese que la ley Sinde hace más difícil porque genera un entorno de incertidumbre que dificulta el desarrollo de negocios en la red.
  6. Que “compositores, músicos, directores, guionistas y escritores de este pais” no sean ricos, sino que “más bien malvivan” no es algo en absoluto achacable ni a la red ni a sus usuarios, sino más bien a unas sociedades de gestión que no reparten adecuadamente o que actúan en régimen de dañino monopolio. De hecho, las creaciones de esos “compositores, músicos, directores, guionistas y escritores de este pais” no se descargan en la red. Ojalá el problema de esos “compositores, músicos, directores, guionistas y escritores de este pais” fuese que sus obras fuesen líderes en las listas de descargas… entonces sí que vivirían mucho mejor.
  7. Eso de que “los internautas son millonarios” y que “facturan barbaridades de dinero” solo se lo creen mentes inocentes como la suya. Además, esas páginas se dedican a organizar enlaces, no a hospedar obras: si añaden valor al usuario sin vulnerar las leyes (y enlazar, hasta que entre en vigor la liberticida ley Sinde, es legal), es razonable que los usuarios se lo remuneren viendo su publicidad y haciendo clic sobre ella. Pero sobre todo: si los negocios que usted menciona fuesen tan fastuosos a la hora de generar publicidad, alma de cántaro, la industria lo tendría muy claro… ¡solo tendría que montar páginas similares para generar esos “fastuosos recursos” ellos mismos!
  8. ¿Entrar en las tiendas de los operadores y robar? ¿Y en casa ajenas? Vaya, menos mal que los ladrones éramos supuestamente nosotros… Doña Lucía, está usted perdiendo los papeles. Esto va cada vez peor. Y por cierto, a sugerencia de uno de mis lectores, le dejo un bonito y breve vídeo que explica la diferencia entre copiar y robar.
  9. La ley Sinde va contra los intereses de los creadores (aumenta la brecha, el enfrentamiento y la crispación) y solo protege a las entidades de gestión y los intermediarios de la creación cultural, a los que ofrece una “justicia a su medida” completamente injustificada.
  10. Le repito: la ley Sinde permite cerrar cualquier página que una comisión administrativa decida cerrar. Solo tiene que recurrir a un juez para que admita el procedimiento de identificación de su propietario (algo que no tiene nada que ver con los hechos evaluados) y a otro juez para que afirme que no hay afectación de derechos fundamentales en el cierre (algo que tampoco tiene que ver con los hechos evaluados). La ley Sinde puede prohibirme silbar por la calle con que un juez autorice mi identificación como autor de los silbidos, y otro diga que silbar no constituye un derecho fundamental.
  11. Por supuesto que existe un debate entre propiedad intelectual y libertad. Desde el momento en que una ley no sirve para evitar las descargas pero sí para cerrar páginas sin intervención de un juez ni tutela judicial efectiva. Esa ley que defiende, Doña Lucía, es la que utilizarían en China o en Irán para cerrar páginas. ¿Por qué no se va usted a vivir a esos países? Seguro que estaría más a gusto con ese concepto de “libertad”.
  12. Ah, ya… que somos cuatro gatos. ¿Dónde había oído yo eso? Pues mire usted, aquí van más de un cuarto de millón de gatos. ¿Los oye maullar? No se preocupe. Ya los oirá.

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